Mirta y sus anécdotas como una de las primeras mujeres soldado

Viernes 29 de mayo de 2020 | 09:50hs.
La eldoradense contó sus anécdotas dentro de la fe.
Hoy es el Día del Ejército Argentino, institución que celebra 210 años de actividad en la república. En ese marco, El Territorio entrevistó a Mirta Ester Piñeiro (48), una ex soldado que perteneció a la fuerza y recordó sus gloriosos años allí.
Mirta, la menor de cinco hermanos, es oriunda de Eldorado, del barrio Los Pinares y por cuestiones de la vida, a los 15 años viajó a la provincia de Buenos Aires para trabajar.
Vivió con una pareja que formaba parte de la Gendarmería y que un día le dio la noticia de que el Ejército estaba incorporando soldados voluntarios mujeres. 
“Tenía 22 años cuando decidí alistarme, cumplí con todos los requisitos y estudios médicos. El llamado tardó más o menos un mes en llegar, estaba ansiosa, hasta que me dieron el afirmativo de que todo estaba bien e ingresé”, rememoró.
“Si bien cuando entré ya había mujeres en la Escuela de Suboficiales y Enfermería, lo que no había era soldado femenino, que en su momento se le llamó Cuerpo Profesional de Soldado Femenino. Yo soy de la primera promoción del Ejército de mujeres soldado, esto fue cuando el Ejército comenzó a llamar a mujeres que querían formar parte de la fuerza, profesional y voluntariamente”, contó sobre sus inicios.
Para Mirta, incorporarse a la fuerza significó adoptar un estilo de vida. “Creo que lo mejor de mi vida fue haber pasado por allí. Me enseñó muchas cosas para la vida. Si bien uno trae la educación de la casa, puedo asegurar que uno pule todo mucho más. Aprendés a valorar cada cosa, lo mío fue voluntario y muy bien aprovechado”, señaló.

El servicio
En un primer momento la ex soldado fue convocada para realizar durante tres meses su período de instrucción en el Regimiento I de Patricios, en Palermo, ciudad de Buenos Aires.
Una vez finalizada la formación, su destino fue el Hospital Militar Central. “Allí fuimos destinadas 40 mujeres. Recuerdo que también había varones de la clase 1973. El primer año teníamos a cargo todos los fines de semana a los cabos cursantes recién recibidas”, comentó.
Al segundo año, entre el director del hospital y otras autoridades resolvieron que había que nombrar a un soldado para que se haga cargo de la compañía.
Para el anuncio se realizó una gran formación en el Hospital Militar. “Estaba el presidente de ese entonces, Carlos Menem, el teniente coronel Martín Balza (por entonces jefe del Ejército), los Patricios, Ganaderos, Prefectura…  todos, fue impresionante. Entonces empezamos a escuchar estas palabras: ‘Por actitud, compromiso, voz de mando, perfil de liderazgo, que pase al frente la soldado Piñeiro’. Casi me desmayo de la emoción”, indicó con la misma alegría de ese día.
“A partir de allí quedé durante siete años encargada de la compañía, era furriel”, agregó.
Si bien Mirta tuvo la posibilidad de hacer carrera en la Escuela Militar, eligió estar a cargo de la compañía que durante tanto tiempo la hizo feliz. “Si hoy me preguntan si me arrepiento, un poco sí, porque podía haber seguido estando con mis amigas que hoy continúan en servicio. Llego mi límite de edad, que fueron los 28 años, y tuve la suerte de quedarme dos años más por el aprecio y estima que me tenían mis jefes”, precisó.
Sobre esos años de labor, también añadió: “Cuando salíamos de franco, los viernes sobre la avenida Libertador estaban los medios de comunicación esperando para entrevistarnos porque éramos de la primera promoción, obviamente no estaba permitido hablar. Ya pasaron 26 de años de ese entonces, es la primera vez que me animo hablar, porque creo que los hombres deben darse cuenta de que las mujeres cumplimos muchos roles en la vida, no sólo el de ama de casa y madre, sino que somos capaces de alzarnos en armas, de cierta manera estamos preparada para defender a nuestra Patria”.
“Soy muy patriota, en el Ejército aprendí que hay que sentirse orgullosa del país al que pertenecés, porque a veces uno reniega y no debe ser así. Al formar parte del Ejército, también formé mi propia historia”, expresó.
Después del paso por la fuerza y por la alta formación que tuvo, trabajó como seguridad en Punta del Este, Encarnación y otras ciudades de la región.
De vuelta en Eldorado, le costó asentarse y al principio fue vendedora ambulante. “Un día vendiendo llego a la tienda de ropa de Silvana Borjas, a la señora le gustaba cómo le vendía mis productos. Fue todo muy raro porque de estar en el Ejército pasé al otro lado para vender. La dueña de la tienda me terminó contratando. Es así que luego de tener a cargo a una compañía de soldados, pasé a estar encargada de 15 empleados en la vida civil. Sigo creyendo firmemente que la formación militar hizo que pueda realizar mi trabajo con total responsabilidad”, finalizó orgullosa la mujer. 

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