La incertidumbre de no poder regresar

Lunes 6 de abril de 2020
Agostina tiene 27 años y viajó a Andorra para trabajar en complejos turísticos.
Facundo Alzaga

Por Facundo Alzaga deportes@elterritorio.com.ar

Con el objetivo de poder trabajar y ahorrar dinero para invertirlo en su futuro, Agostina Rojo (27) partió en octubre del año pasado hacia Europa, más precisamente a Andorra, un país ubicado entre Francia y España conocido mundialmente por sus complejos turísticos de esquí. 
El plan de la joven era trabajar desde noviembre hasta fines de abril, el período que dura la temporada de invierno en Andorra. Los primeros meses fueron como lo esperaba, trabajó de camarera en un hotel 4 estrellas que además le ofrecía el alojamiento y sus días transcurrían de la mejor manera. Sin embargo, todo cambió durante marzo, cuando se produjo la explosión del coronavirus a nivel mundial y la enfermedad pasó a ser una pandemia. 
“Muchos latinos vienen a trabajar acá porque si tenés tres años de experiencia en algún rubro ya podés aplicar a algún trabajo. La mayoría trabaja en las pistas de esquí, pero también hay una gran parte que trabaja en hotelería y restaurantes. Yo trabajé en un hotel como camarera. Era un hotel 4 estrellas que te ofrecía alojamiento en el mismo lugar, lo que realmente conviene, ya que los alquileres son bastante caros”, relató Agostina desde Andorra, donde se encuentra varada y buscando la manera de poder regresar al país. 
“El 15 de marzo empezó la cuarentena acá y ese mismo día nos rescindieron el contrato a todos. Nos echaron del hotel a los que vivíamos ahí. Fue una situación bastante fea porque no teníamos dónde ir y contábamos con un sueldo más (el del mes de abril) que no iba a poder ser”, explicó. 
Agostina tenía pensado seguir trabajando en Europa, pero el contexto mundial modificó radicalmente sus planes. De un día para el otro, la joven que se crió en el Eldorado y luego estudió Psicología en Posadas se quedó sin trabajo, sin alojamiento y lejos de su familia. Un combo que podría derrumbar emocionalmente a cualquiera. Sin embargo, gracias a la solidaridad de la gente, pudo conseguir un lugar para vivir. 
“La gente acá es muy buena, son muy considerados con las personas que vienen a laburar.  No hay inseguridad, no hay robos, no hay delitos, entonces la gente confía mucho. Así fue que pusimos en Facebook que necesitábamos un sitio para quedarnos un tiempo hasta conseguir alquilar algo. Desde el día que nos echaron nos unimos con una compañera de trabajo, una amiga. Yo conseguí un chico francés que me alojó sin conocerme y él, a su vez, consiguió un lugar para mi amiga. Estuvimos diez días así”, relató. 
Durante esos días, Agostina se dedicó a buscar un lugar para alquilar con su amiga, un gasto que no estaba en los planes y que tuvo que solventar con los ahorros que había generado durante los últimos meses de trabajo en el Viejo Continente. 
“Después de mucho buscar conseguimos un monoambiente para vivir con mi amiga a un precio que podíamos pagar. El lugar es muy lindo, pero está muy lejos de todo, hace muchísimo frío, las condiciones son jodidas, pero ahora estamos más tranquilas porque tenemos un techo por un mes”, contó aliviada. 
Pero además de conseguir un techo, también se presenta un situación compleja en cuanto a lo emocional. Estar lejos de los afectos en un panorama complicado a nivel mundial no es sencillo para nadie, y más aún sin saber cuándo van a poder regresar a la Argentina. 

Piden información oficial
“Emocionalmente tratamos de llevarla lo mejor posible la verdad. Es muy difícil. Por suerte estoy acompañada y encima es una amiga, pero ni siquiera poder sacar un vuelo de vuelta a tu país es muy angustiante. Es difícil, tanto para nosotras que estamos de este lado del mundo como para nuestras familias que están en Argentina. Llamamos a todos lados, aerolíneas, consulados, gobiernos y la respuesta de todos fue la misma: ‘tienen que esperar’”, relató. 
“Es fácil pedirnos que esperemos cuando no saben en la condición en la que estamos. Por suerte no estamos mal, pero sí es una incertidumbre que te hace sentir mal y más aún cuando pedís ayuda a tu propio país y no te la dan. No pedimos plata ni que nos regalen nada, sólo pedimos información oficial, de qué hacer, hasta cuándo, de vuelos disponibles o algo”, exclamó Agostina.
No obstante, y a pesar de que el tiempo que pasa hace aumentar aún más la incertidumbre, la joven contó que “tenemos suerte porque el gobierno andorrano informó que no quedaríamos como ilegales, ya que una vez que termina tu contrato de trabajo tenés que irte del país. Y también prolongó la cobertura médica, porque si ahora nos enfermamos, más allá del coronavirus, es muy complicado. Este es un lugar muy frío, la condiciones climáticas son extremas, estamos a 7 grados bajo cero siempre”, finalizó.

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