“En cada choza o palacio tiene que haber arte” - El Territorio Misiones

“En cada choza o palacio tiene que haber arte”

Jueves 6 de agosto de 2020 | 07:00hs.
A la pintura llegó tarde -dice-, en un proceso sanador que define su hacer artístico hasta el día de hoy.

“Cuando yo tenía 34 años fallece mi padre, al tiempo muere mi hermano. Yo andaba loco como una cabra, perdido, dolido de la vida. Quise tener una reacción saludable, yo fumaba mucho y ¡hasta ahora! Pero en ese entonces tenía 200 dólares, era un montón de plata y me dije que no iba a fumar más. Me compré todo pintura por los dólares. Me encerré a pintar por seis meses y no prendí ni un cigarrillo. Pinté mis primeros doce cuadros hice una muestra y vendí todos. ¿Qué hice? Fui y gasté  todo en puchos”, ríe Juan Catalano al recordar la anécdota circular que marcó el inicio de su trayectoria como artista plástico y lo puso a salvo de la tristeza.

El hombre, nacido en Santa Fe por casualidad en 1944, es músico, carpintero, pintor, escultor, inventor, escritor. “Más porque la vida me llevó por esos caminos que porque yo lo haya elegido. En lo que sí tengo yo mi parte es en mantener una coherencia en los actos como en el arte”, cuenta en una charla con El Territorio en su  taller de calle San Luis casi Belgrano, en el centro posadeño.

El lugar suele convocar a incontables amigos a cualquier hora, pero en días de cuarentena está algo callado y solo de voces. “Hermana, yo pasé momentos duros, crisis económicas, la dictadura, tiempos feos feos, además de los tiempos lindos, claro, pero siempre hubo un amigo que daba la mano. Con esta pandemia ocurre algo impensado, no hay un amigo que pueda ayudarte. Hay que esperar con paciencia, hay que arremangarse y salir adelante, no queda otra”, sostiene en un modo de decir familiar.      

El reducto donde lo mismo cala imágenes en sellos de goma como encuaderna su propio libro o construye una escalera se parecerá -quién sabe- al cuartito recóndito en que el coronel Aureliano Buendía engarzaba escamas y le incrustaba diminutas esmeraldas a los ojos de los pescaditos de oro.

Así, igual que el macondiano personaje de García Márquez, el artista tuvo sus batallas, y a lo largo de los años pintó incontables pececitos de tinta como para poblar un río.  

“Pienso que mis pinturas gustan porque la gente me quiere, cuando empecé a pintar ya era un músico conocido y la ciudad era chiquita, cuando hice mi primer pececito no imaginé todo lo que vendría. Cuando pinto otra cosa, la gente me dice que le falta el pececito y yo le sello. Los amigos de mi hijo se tatúan el pececito, ¡increíble! Es algo loco, hermana, pero yo empecé con los pececitos porque no sé dibujar muy bien y es lo más sencillo que hay”, describe con humildad sobre el origen del dibujo, que es ya una marca de su arte y que integra un prestigioso catálogo de artistas argentinos.            

Belleza cotidiana
Venido de familia de artesanos de la madera y músicos, comprende el arte como un compromiso con la belleza y con la armonía y la paz. “El arte tiene que servir para suturar heridas”, así concibe su labor y lo transmite. “Veo que los artistas hoy se paran a uno u otro lado de la grieta, pienso que se equivocan. Para mí el arte tiene la vocación y el compromiso de conciliar los opuestos, una tarea que no es fácil”.

En este sentido, señala que su inspiración es hallar la belleza que habita en lo simple, cotidiano y regional. Trazos o estampa mediante, descubre un lenguaje común a la humanidad en paisajes y rostros locales.   

“En las academias lo regional era lo mencho, lo cheto era otra cosa. Yo, que siempre fui autodidacta de todo, me puse el desafío de mostrar que hay belleza en una villena que tiene una dura vida cruzando el río cada día para ganarse el pan, que un canasto de chipa o de frutas de estación puede ser bello, ese fue y sigue siendo mi compromiso con el arte. Ahora que estoy viejo, tengo 75 años, me convenzo cada vez más que la belleza está en lo simple. Que no hace falta ser rimbombante, cuando más sencillo, mejor llega el mensaje”.

El hoy de la plástica
Atrás quedaron las horas en que pasaban por casa de los Catalano, don Areco y otros maestros de la cultura de una ciudad incipiente que transitaba el siglo XX.

“Todo lo que aprendí fue mirando, observando. Mi padre era músico pianista y director de orquesta, yo a los 12 años ya tocaba en la orquesta municipal, era un gordito simpático por esa época, pero yo no tenía oído, sé toda la teoría de la música y soy sobre todo un músico, pero me falta oído. Mi papá tenía buen oído y escribía música. Entonces a mi casa venía Areco y otros grandes de la época y le silbaban  sus melodías y mi papá las escribía para ellos”, rememora.

“Eran otras épocas -describe-  después vino un movimiento de la plástica muy sólido, pasaron las décadas y como a todo en este mundo le ganó el individualismo y la plástica no escapa a eso”.

En el transcurrir del siglo pasado llega la democracia y nuevas corrientes de pensamiento y en el arte se abren: “Se democratizó también el arte, es muy bueno que se democratice el arte, pero ¿qué pasó? Al democratizarse todos somos lo mismo, no hay mejores ni peores. Y todos los rubros tienen elites, pero en la plástica eso es mala palabra y nos quieren convencer ahora que todo vale lo mismo porque ‘sobre gustos no hay nada escrito’, como se repite. Pero sí que hay un montón escrito, hay más ensayos y tratados sobre arte que sobre medicina. Y se sabe bien lo que es lindo y lo que es feo. El arte es subjetivo, sí, pero también es universal. Algún día tendrá que darse este debate”.

Accesibilidad
Con el pulso de sus pescaditos y timones, paseras de rodete y animales del monte, Catalano es sobre todo un militante de la accesibilidad del arte.

“Sostengo que el arte debe ser para todos. Quizás es difícil que algunos sectores tengan acceso a pinturas o esculturas. Pero yo me preocupé de hacer cientos de cuadritos, dibujos, tallados y distribuir, en cada choza o palacio tiene que haber arte misionero. Porque el arte como la cultura es una expresión de lo que somos, es esa identidad que todavía está en continua búsqueda”.

Ante la consulta sobre los rasgos identitarios de un arte misionero analiza que justamente la mayor fortaleza de esta tierra frondosa es al mismo tiempo lo que la desdibuja en el plano nacional.

“Misiones es una tierra prometida de riqueza de culturas, de música, de artistas, pero si pedimos definirnos como algo, no sabemos qué somos. Hay tanto que no nos definimos. Y en la mesa universal uno se sienta con una identidad propia. Hasta ahora estamos viviendo este proceso de definirnos, y en este curso nos peleamos que es Cataratas, que es San Ignacio. Buenos Aires tiene miles de cosas lindas, pero consensuaron que su símbolo es el obelisco. Acá pasa lo contrario, tenemos un tesoro que es San Ignacio y ahí nomás ponemos una cruz. Entre tantas cosas, lo importante se diluye, se pierde”.

Perfil

Juan Catalano
Artista plástico
Juan Catalano nació en Santa Fe en 1944, sus padres Paula Bonfanti y Salvador Catalano llegaron a Misiones desde Sicilia, Italia. Se casaron en Posadas, y viajaron a Santa Fe cuando ella estaba embarazada. Juan nació allá y regresó a la tierra colorada cuando tenía meses de vida.Su padre era músico y director de orquesta y él integró la orquesta municipal como saxofonista a los 12 años. Igual que los varones de su familia, se dedicó a la carpintería. Luego descubrió la plástica, el tallado, el trabajo de metales, los sellos. Escribe poesías y textos breves que edita artesanalmente con sus sellos hechos en goma. Estuvo casado 40 años con la escritora Inés Perié -hasta su fallecimiento en 2012-, con quien tuvo dos hijos, una niña -que murió a los 12 años- y su hijo Juan. “Si me preguntan de dónde soy, digo que soy como el Che Guevara, nací en Santa Fe, pero también soy misionero. Si me preguntan por qué soy artista digo que por necesidad y por gusto, porque en la vida como en el arte siempre me conduzco de la misma forma, con humildad y felicidad”, se define.

El Territorio no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite.

El Territorio se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina