El cisne negro

Domingo 5 de abril de 2020 | 07:00hs.
 Gonzalo Peltzer

Por Gonzalo Peltzer gpeltzer@elterritorio.com.ar

Decía el domingo pasado en este mismo espacio que estamos metidos en uno de esos torbellinos que hacen avanzar la historia a gran velocidad. Dentro de unos días el mundo no será el mismo y nosotros tampoco. Hoy no es el mismo que hace apenas quince días. Algunas tecnologías habrán muerto y otras nacerán. Lo que en febrero era negocio quizá no lo sea más en junio. Hace dos meses nos relacionábamos de una forma que dentro de otros dos meses nos parecerá de la época de Carlomagno. Decía también que no estábamos tirando fuegos artificiales por lo bien que nos iba y que por tanto cualquiera de estos cambios sería para mejor. Sigo pensando lo mismo.
Las crisis afilan el talento; tomamos decisiones que la prudencia jamás hubiera permitido en tiempos normales. Probamos lo improbable. Nos animamos a muchísimo más. Así funciona la audacia siempre. Por eso, la primera lección que tenemos que aprender es que es una tontería esperar a que las crisis nos expriman el talento.
Con el tiempo el coronavirus habrá sido un cisne negro. Se llaman así a los hechos imprevistos que cambian el rumbo de la historia. La metáfora fue acuñada por el economista y matemático de origen libanés –y profesor en New York University– Nassim Taleb, y está basada en la rareza de los cisnes negros, pero sobre todo en una gran verdad que la historia no hace más que comprobar: por más que intentemos adelantarnos a los hechos con escenarios de todo tipo, siempre aparecerá un imprevisto que rompe todos los pronósticos; tenemos Plan A, Plan B y Plan C, hasta que aparece el cisne negro para dar por tierra hasta con el Plan Z.
Pero no hay que ser científico ni profesor en NYU para decir estas cosas tan obvias. La teoría del cisne negro explica mucho más: dice Taleb que la historia posterior termina acomodando su relato a los cisnes negros hasta parecernos natural y lógico lo que pasó. Y tan natural y lógico nos termina pareciendo que seguimos cometiendo el inmenso error de predecir el futuro basados en hechos del pasado. Ahí caen como moscas los políticos, los economistas, los estrategas, los consultores, los analistas… y los panelistas de ocasión que pululan omnipresentes en los canales de televisión, en las radios y en las columnas de los diarios, como esta.
Taleb nos dice que siempre, siempre, siempre, el futuro nos va a sorprender como nos sorprendió la pandemia en este 2020. Por eso hay que estar preparados de un modo mucho más borroso que preciso. No debemos disponernos para uno, tres o diez escenarios sino para enfrentar lo imprevisto. Entrenarnos en el cambio y sobre todo en la velocidad para adaptarnos al cambio. Abrir bien la cabeza. Leer a los clásicos. Ampliar horizontes. Volver a las fuentes. Basarnos en patrones seguros.
Ahora toca buscar cómo salir sin consecuencias graves del ojo del huracán. No va a ser fácil porque hay que encontrar el rumbo esquivando chapas voladoras, árboles sacados de cuajo, animales llevados por el viento, junto con plantas y pedazos de mampostería… pero saldremos porque si algo está claro, aunque sea del pasado, es que siempre salimos, con cara de velocidad y contando las bajas, pero salimos.
Sigamos el consejo de Taleb y no miremos el pasado para saber qué vendrá en el futuro inmediato. De esta vamos a salir mirando para adelante, estrujando el cerebro, afinando el talento… y trabajando, pero sobre todo animándonos a lo que venga, que ya le decía que estoy seguro de que va a ser mucho mejor, aunque no pueda usar ningún argumento del pasado para demostrarlo. Y tenga en cuenta siempre que, por más raros que parezcan, los cisnes negros son plaga.

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