Las amazonas y los aviones hidrantes

Domingo 25 de agosto de 2019
Gonzalo Peltzer

Por Gonzalo Peltzergpeltzer@elterritorio.com.ar

Creían los antiguos griegos que en cierto lugar del Asia Menor habitaba una tribu de guerreras intrépidas con las que algún día se encontrarían. Imaginaban una civilización al revés, en la que las mujeres iban a la guerra pero los varones tampoco cuidaban la casa: los usaban para procrear y después los desechaban. Solo se toparon con ellas Hércules o Aquiles en relatos mitológicos de Heródoto de Halicarnaso, que era bastante cuentero. Nadie las encontró todavía, pero no me diga que no tiene morbo descubrir una tribu entera de mujeres que eso es todo lo que quieren de los varones… Así es la mitología, que refleja sueños y temores individuales y colectivos, pero sobre todo explicaciones redondas para cuestiones que no tienen porqué explicarse.
Por el tratado de Tordesillas, todo el norte actual de Brasil –situado al norte y al oeste de la punta más oriental del continente– le tocaba a España, así que el Amazonas quedaba completo en su jurisdicción y había que conquistarlo antes de que los portugueses alargaran la mano. Decidieron conquistarlo desde los Andes, a favor de la corriente, y bautizaron a esa región como la Nueva Andalucía. Fue Francisco de Orellana quien lo recorrió entero por primera vez desde el 22 de febrero hasta el 26 de agosto de 1542.
Los expedicionarios de Orellana estaban seguros de que por fin aparecerían las amazonas en la Nueva Andalucía, así que andaba indecisos entre presentarles batalla o rendirse sin más trámites para transárselas. No las encontraron, pero de tanto hablar de ellas terminaron llamando de las Amazonas al río que los llevó hasta el Atlántico. Después de solucionar un pleito que tenía con Gonzalo Pizarro, Orellana volvió al Amazonas con el título de Adelantado de la Nueva Andalucía en diciembre 1545. Perdió tres de cuatro barcos antes de entrar en la desembocadura. Porfiado como era, siguió intentando entrar contracorriente una y otra vez, hasta que las flechas envenenadas de los indios caribes terminaron con él y el resto de la expedición.
Esta semana la noticia del mundo es el incendio de por lo menos 500 mil hectáreas de la selva amazónica. Pareciera que se está quemando el mundo, pero creo que no es para tanto. También dicen que los incendios son intencionales y eso puede ser más probable, entre otras cosas porque hay cientos de focos en diferentes lugares, muy distantes unos de otros. No tengo ni idea de quién puede ser, pero seguro que a favor de Jair Bolsonaro no es: el presidente de Brasil es lo menos ecológico que se conoce a pesar de ser, cara al resto del mundo, el responsable de la Amazonía. El día antes de los incendios y ante la amenaza de Angela Merkel de no enviarle dinero para cuidar ese pulmón verde del planeta, le dijo que se meta los euros… perdón, que podía usar esos euros para reforestar Alemania.
Mientras se quema parte de la Amazonía, los argentinos y especialmente los misioneros, tenemos que pensar qué vamos a hacer para evitar un hipotético, pero bastante posible, incendio de nuestra selva o de nuestras explotaciones forestales. El Sistema Federal de Manejo del Fuego (SFMF) todavía no tiene aviones hidrantes como la gente, capaces de combatir con un mínimo de eficacia los incendios forestales. Cuando se quema un bosque en cualquier lugar de la Argentina (como ocurrió hace una semana en Córdoba) lo intentan apagar con avioncitos que tienen que aterrizar en un aeropuerto para cargar 2.000 litros de agua con mangueras de jardín; luego vuelven a despegar y viajan hasta el incendio para vaciar el agua que apenas logra llegar a las llamas. Si no los compra el SFMF, Misiones debería tener un par de Bombardier 415 o Antonov 32P de 200.000 litros en sus hangares. Son aviones que cargan el agua a gran velocidad acuatizando en ríos y lagos y descargan millones de litros de agua en pocas horas. Esos mismos aviones pueden servir para apagar incendios en otras jurisdicciones: un préstamo o favor de Misiones al resto de sus hermanas.
Mejor no esperemos a que por fin alguien encuentre a las amazonas. Alcanza y sobra con lo que pasa hoy en la Amazonía para reaccionar.

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