Los padres Suárez y Asperger, primeros médicos en las Misiones

Viernes 23 de agosto de 2019
Por Alfredo Poenitz

Por Alfredo Poenitz Historiador

La medicina tradicional entre los guaraníes en general fue aceptada y respetada por los sacerdotes jesuitas en la experiencia misional en estas tierras. Pero también hubo importantes aportes de la medicina europea que fueron complementando aquella. En ese aspecto se destacaron dos sacerdotes en la historia de las Misiones Jesuíticas, los padres Buenaventura Suárez y Segismundo Asperger. El primero, el padre Suárez, ha trascendido más por sus labores astronómicas. Fue el primero en el hemisferio sur que efectuó observaciones y mediciones de la bóveda celeste, habiendo construido un telescopio en el pueblo de San Cosme y Damián empleando cañas, maderas, metales y cristales de roca de yacimientos cercanos. A su observatorio el padre Suárez le añadió un sofisticado reloj de péndulo y un cuadrante astronómico para ajustar el reloj a la rotación del sol. Su telescopio, en tanto, consistía en un tubo metálico sobre armazón de madera dotado de dos lentes convexos con el que efectuaba sus observaciones de los astros.
El padre Suárez había nacido en Santa Fe en 1679, habiendo ingresado a la Compañía en 1695. En 1706 ya se hallaba como sacerdote del pueblo de San Cosme. Una peste de viruela lo obligó a cumplir funciones de enfermero, lo que lo llevó a interesarse por la medicina. En ese aspecto, trascendió su Índice alfabeto médico de las raíces, árboles y plantas medicinales que se encuentran en estas provincias, obra que permitió conocer la medicación de este tipo de pestes, bastante frecuentes en las Misiones.
Contemporáneo de Suárez fue el tirolés Segismundo Asperger, quien se encontraba en Apóstoles al momento de la expulsión de los jesuitas, pero estaba tan avanzado en edad y tan enfermo que no pudo emprender el exilio a Europa, siendo el único sacerdote jesuita que quedó en estas tierras después de la expulsión. Aunque no era médico, como tampoco lo era Suárez, se dedicó a la medicina.
El padre Asperger había nacido en Insbruck en 1687. Ingresó a la Compañía en 1705. En 1716 se alistó para misionar en el Río de la Plata. Su primer destino fue la Universidad de Córdoba, donde completó sus estudios religiosos. Estando allí sucedió una terrible epidemia que mató a cientos de esclavos negros de las estancias jesuíticas de Córdoba. Pero, a pesar de tamaña desgracia, el padre Asperger pudo salvar cientos de vidas con medicinas traídas desde Europa y por el conocimiento de hierbas medicinales de la zona. No era médico de profesión pero sí un insigne herborista. Un sacerdote jesuita, el padre Maag, sostenía que Asperger era “un gran médico de los cuerpos y también de las almas. Donde quiera que se presenta una ocasión para hacer algo provechoso para las almas, allí acude él”. Su actuación en las Misiones Jesuíticas de Guaraníes entre 1719 hasta 1772 fue una vida de sacrificio, consagrada enteramente al socorro corporal y espiritual de los indios que buscaban en él medicina, salud y bienestar.
En 1738 Asperger salvó cientos de enfermos de fiebre amarilla en San Nicolás. En 1743 fue párroco de Mártires hasta 1749 y de Concepción desde 1749 hasta 1754. Desde ese año hasta su muerte en 1772 el tirolés residió en Apóstoles. Fue tan honrosa su fama que el mismo Félix de Azara, a fines del siglo XVIII, escribía de Asperger como alguien “que se dedicó especialmente a la medicina y la botánica, en cuyas facultades pasó en estos lugares por sapientísimo y en sus recetas y sentencias tiene hoy (1790) más crédito que las de Hipócrates y Discórides”. El mismo Azara, cuando menciona un árbol medicinal muy famoso en el Paraguay llamado aguarabay, indica que “lo descubrió el padre jesuita Asperger". 
"Haciendo hervir las hojas secas de este árbol hasta que mezcladas con agua largan la mucha resina que tienen se consigue un bálsamo que todos los años se enviaba a España en grandes cantidades y al que se le atribuían virtudes medicinales”, según narra el propio Azara. Se lo llamaba el “bálsamo de las Misiones”.
Además de los nombrados, hubo un tercer sacerdote que ejerció la medicina en las Misiones de Guaraníes, el padre Pedro Montenegro. En 1775 se escribía de él que “quien deseare informarse sobre las enfermedades en las Misiones debe remitirse al hermano Montenegro, quien fue continuo en la Botánica Farmacéutica, Medicina y Cirugía para bien de las gentes del Paraguay y sus indios”.
Mucho más no se sabe de estos primeros médicos de las Misiones y del Río de la Plata. Tampoco conocemos detalles de sus medicinas. Pero lo cierto es que, por los comentarios de circunstanciales visitantes en las Misiones, mucho bien hicieron estos religiosos para la curación de las tantas y graves enfermedades que afectaron las Misiones de guaraníes en su siglo y medio de existencia en estos lares.

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